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Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica tienen sistemas avanzados de investigación agrícola. Mientras corre el tiempo para cumplir los objetivos mundiales de erradicar el hambre y la pobreza en 2030, los Ministerios de agricultura de cinco de las economías emergentes más importantes del mundo están bien posicionados para asumir un papel de liderazgo en la consecución de estas metas, aseguró hoy la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Los cinco países, conocidos colectivamente como "BRICS" (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), constituyen un importante bloque económico. Representan más del 40 por ciento de la población mundial y más del 20 por ciento del PIB mundial. En conjunto, producen más de un tercio de la producción global de cereales. El año pasado, Rusia se convirtió en el mayor exportador de trigo del planeta.

Un nuevo documento sistematiza los aportes realizados en el 2016 por el Proyecto Insignia institucional encargado de llevar adelante el progreso en esta temática. Acciones integrales en 14 cadenas agrícolas priorizadas y puntuales en 32 cadenas de 29 países de las Américas, 6 256 actores capacitados de los sectores público y privado y 237 productos de cooperación técnica son ejemplos del trabajo que ha realizado el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) en materia de competitividad y sustentabilidad de las cadenas agrícolas para los países del hemisferio. Estos resultados son parte de los logros obtenidos en el 2016 por el Proyecto Insignia (PI) Competitividad y sustentabilidad de las cadenas agrícolas, uno de los instrumentos en que se apoya el Instituto para potenciar el desarrollo del sector agrícola en sus 34 países miembros. La gestión de políticas, el fortalecimiento de capacidades a nivel público y privado, y el apoyo a procesos de innovación; tecnológica, empresarial, institucional y comercial han sido la clave para dar con estos resultados.

Conozca a los veterinarios itinerantes de la FAO que ayudan a las familias campesinas. Desde que el huracán Matthew golpeó Haití el pasado octubre, el número de personas que se enfrentan al hambre y a la inseguridad alimentaria en las zonas más afectadas ha disminuido en forma constante gracias a la masiva respuesta humanitaria. Pero allí donde los efectos del temporal se sumaron a tres años de sequía y graves inundaciones, la encuesta más reciente advierte que la inseguridad alimentaria sigue siendo alta. Por ello, la respuesta sostenida se centra en ayudar a estas familias a reconstruir sus medios de subsistencia. Dentro de este esfuerzo, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) está operando clínicas veterinarias móviles para proteger el ganado de las familias vulnerables, beneficiando a más de 12 000 personas. En un campo en Torbeck, en el sur de Haití, pequeños rebaños de vacas buscan la sombra de los árboles mientras sus dueños, hombres y mujeres de la zona, esperan su turno para hablar con los veterinarios visitantes. Joril Gilles es uno de estos campesinos. Como muchos de los habitantes del sur del país, lucha todavía por ponerse en pie nuevamente.